Protección anticaídas en zonas ATEX: qué cambia cuando la atmósfera puede explotar

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Protección anticaídas en zonas ATEX: qué cambia cuando la atmósfera puede explotar

Trabajar en altura ya tiene su riesgo. Trabajar en altura dentro de una atmósfera explosiva es otra cosa: aquí el equipo que te protege de la caída puede ser, si no es el adecuado, la fuente de ignición que provoque la explosión.

Es un escenario más común de lo que parece. Silos de pienso, harineras, plantas químicas y petroquímicas, depuradoras, cerámicas, industria alimentaria. Sitios donde hay que subir a revisar, limpiar o reparar, y donde el aire puede contener gas, vapor o polvo inflamable.

Qué es una zona ATEX

ATEX viene del francés «ATmosphères EXplosibles» y designa los emplazamientos donde pueden presentarse gases, nieblas, vapores, fibras o polvos en cantidad suficiente para formar una atmósfera explosiva. Para que se produzca la explosión hace falta que la concentración esté dentro de un rango concreto —entre el límite inferior y el superior de explosividad— y que aparezca un foco de ignición.

Y ese foco puede ser algo tan pequeño como una chispa de origen mecánico, eléctrico o electrostático.

Cómo se clasifican las zonas

Las zonas se agrupan según la sustancia y según la frecuencia con la que puede formarse la atmósfera explosiva:

  • Gases, vapores o nieblas: zona 0, zona 1 y zona 2.
  • Polvos combustibles: zona 20, zona 21 y zona 22.

La zona 0 es aquella en la que la atmósfera explosiva está presente de forma permanente, prolongada o frecuente. La zona 1, aquella en la que es probable que se forme durante el funcionamiento normal. La zona 2, aquella en la que no es probable y, de producirse, sería breve. Cuanto más exigente es la zona, más restrictivos son los requisitos del equipo que puede entrar en ella.

La normativa ATEX se apoya en dos patas que conviene no confundir:

  • Directiva 2014/34/UE, transpuesta en España por el RD 144/2016: establece los requisitos que deben cumplir los equipos y sistemas de protección usados en atmósferas explosivas. Es decir, el producto.
  • Directiva 1999/92/CE, transpuesta por el RD 681/2003: fija las obligaciones mínimas de seguridad para los trabajadores que operan en zonas con riesgo de explosión. Es decir, la empresa.

De ahí salen dos obligaciones prácticas: clasificar las zonas de la instalación y elaborar un documento de protección contra explosiones. Y una jerarquía de medidas: primero evitar que se forme la atmósfera explosiva, después evitar la ignición, y solo entonces limitar los efectos.

Por qué tu equipo anticaídas habitual puede no valer

Aquí está la clave del asunto. Si la evaluación de riesgos determina que hay que llevar equipo de protección individual contra caídas de altura dentro de una zona ATEX, ese equipo debe ser apto para uso en atmósferas ATEX. No es un extra: es un requisito.

¿Qué significa «apto»? Que el equipo no pueda generar el foco de ignición. Los fabricantes que trabajan este segmento certifican sus gamas conforme a las normas de equipos no eléctricos para atmósferas explosivas (la serie ISO 80079-36 e ISO 80079-37, que sustituyen a la antigua EN 13463-1), y prueban las cintas conforme a la EN 1149-1, que es la norma de propiedades electrostáticas.

Ese detalle de la cinta antiestática es más importante de lo que parece. Un arnés o una eslinga de material sintético acumulan carga electrostática con el roce. En una nave normal eso es, como mucho, un calambre. En una zona 0 o 20, es un foco de ignición.

Lo mismo aplica a los equipos auxiliares: existen versiones ATEX de trípodes y sistemas de rescate precisamente porque el equipamiento estándar no puede entrar.

Dónde se juntan la altura y el ATEX

Los casos que nos encontramos con más frecuencia:

  • Silos de pienso y de grano — polvo combustible en suspensión y acceso vertical a la boca superior.
  • Harineras y molinos — polvo de harina, uno de los polvos explosivos por excelencia.
  • Industria química y petroquímica — gases y vapores inflamables, con mantenimiento frecuente en altura.
  • Depuradoras y digestores — biogás y espacios confinados combinados.
  • Cargaderos de cisternas — trasvase de líquidos inflamables con trabajo sobre la cisterna.
  • Industria alimentaria y cerámica — polvos combustibles en procesos de secado y molienda.

Cómo se aborda una instalación anticaídas en zona ATEX

El orden importa:

  • Partir de la clasificación de zonas de la instalación. No se diseña nada sin saber en qué zona se va a trabajar: no es lo mismo una zona 2 que una zona 0.
  • Revisar el documento de protección contra explosiones. Ahí está lo que la propia empresa ha declarado sobre su instalación.
  • Seleccionar sistema y EPI aptos para esa zona, no «aptos para ATEX» en abstracto.
  • Cuidar los materiales y la fijación: evitar pares de materiales que puedan producir chispa mecánica por roce o impacto.
  • Documentar todo: certificado de instalación y trazabilidad de los equipos.
  • Prever el rescate. Si hay que sacar a alguien de un silo, el equipo de rescate también entra en la zona ATEX.

Errores que vemos a menudo

  • Instalar el sistema anticaídas sin mirar la clasificación de zonas de la planta.
  • Comprar equipo ATEX certificado para una zona menos exigente que aquella en la que se va a usar.
  • Proteger la caída y olvidar el rescate, que es cuando la emergencia empieza de verdad.
  • Dar por hecho que el marcado CE ya implica aptitud para atmósferas explosivas. No es lo mismo.

Una zona ATEX no cambia los principios de la protección anticaídas: cambia el material con el que se ejecuta y el nivel de detalle con el que hay que estudiarla. Un sistema perfectamente válido en una nave convencional puede ser inaceptable a veinte metros de un silo de harina.

Si en tu planta hay zonas clasificadas y alguien trabaja en altura dentro de ellas, el sistema anticaídas tiene que estar diseñado para eso desde el primer día.

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